El Despertar: Atlantis

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El Despertar: Atlantis

Mensaje  chanito1mil el Jue Mar 11, 2010 5:18 am

HISTORIA MÍTICA

El mar del tiempo se vuelve oscuro conforme uno se acerca al pasado distante. Ruinas, artefactos, pinturas rupestres... todas estas evidencias de historia narran un cuento incompleto. Incluso los Maestros de entre los Magos no pueden separar las cortinas del tiempo lo suficientemente lejos como para ver lo que ocurrió realmente. Las Órdenes M ágicas poseen una mitología acerca de sus comienzos, la leyenda de una civilización caída y una guerra por el trono de la realidad. Los nombres de esa civilización son muchos, la mayoría de ellos se perdieron con el transcurso de los años, pero incluso los Durmientes conocen uno de ellos y buscan pruebas de esa verdad: Atlantis.

En el pasado distante y lejano, los mortales sufrían bajo los caprichos de monstruos, cazados por espíritus y sirviendo de presas de no-muertos sedientos de sangre. Viéndose acosados por criaturas más fuertes que ellos y expulsados a la fuerza por bestias aulladoras cuandoquiera que migraban a territorios cuyas fronteras no podían percibir, los mortales encontraban casi imposible avanzar más allá de su necesidad de supervivencia como para vislumbrar formas de vivir fuera del terror.

Entonces llegaron los sueños de los dragones. Ciertos mortales, en tierras esparcidas por el mundo, comenzaron a soñar con una isla, una extensión de tierra solitaria proyectándose desde un mar batido por los vientos lejos de cualquier costa conocida. Una espiral se erguía en el centro de la isla, apuntando a la Estrella Polar; a los soñadores les daba la impresión de que aquel era el eje del mundo, la vara sobre la que la bóveda del cielo giraba. Y sobre esta vara, en su cima, anidaban los dragones.

En los sueños, aquellas grandes sierpes de leyenda se elevaban con los vientos, una a una, dando vueltas a la espiral batiendo sus alas membranosas, despegando hacia el horizonte infinito a lugares que los soñadores no podían imaginar. Ninguna otra criatura se movía en la isla ni ningún espíritu cazaba allí; ningún ser osaba entrar en la guarida de los dragones. Conforme los soñadores progresaban, llegaron a darse cuenta de que los dragones nunca regresaban. Cada noche, otro dragón se marchaba hacia el oeste para no ser visto de nuevo. Los soñadores seguían llegando, pero ahora la isla estaba vacía; nada se movía allí. Durante muchas noches los soñadores vieron la isla, abandonada y triste, y supieron que les esperaba. La isla los había llamado, apremiándolos, buscando nuevos habitantes.

Bajo la guía de los soñadores, pequeños grupos de mortales partieron hacia el mar desde diversos territorios, cada uno siguiendo la visión recibida en sueños. Buscaban la isla en la que, lejos de las tierras donde eran cazados, sabían que serían libres para forjar sus propios destinos, y no volver a temer la llegada de la noche.

Llegaron a la isla siguiendo la estrella polar, y vieron que era exactamente como se les había mostrado en sus en sueños. Mortales de muchas tierras, hablando muchos idiomas y practicando diferentes costumbres, se unieron, y silenciosamente acordaron asentarse en paz, sin conflictos, ya que habían viajado lejos precisamente para huir de los enfrentamientos.

Y siguieron soñando. La isla les enviaba nuevas visiones, y les mostraba cómo podían aprender a dominar las extrañas visiones que sus mentes durmientes habían tenido el privilegio de percibir. Comenzaron a practicar las técnicas de hesychia, la "quietud" o "incubación", mediante las cuales se retiraban a oscuras cavernas y sus cuerpos entraban en un profundo sueño mientras que sus mentes viajaban a lejanos reinos astrales más allá de la percepción del resto de los mortales.

Allí encontraron a los Otros, los daimones de sus propias almas, el gemelo oculto de cada alma viajera. Estos jueces los desafiaron a justificarles con qué derecho llegaban por caminos astrales a los Reinos Supremos, y los condujeron a una serie de pruebas. Muchos fallaron, siendo enviados de vuelta a sus cuerpos, llenos de tristeza, incapaces de viajar de nuevo en sueños. Pero algunos tuvieron éxito.

Unos pocos regresaron con sus almas brillando, iluminadas por un fuego celestial. Podían ver dentro de los Reinos Invisibles y percibir los mecanismos secretos de la Creación, los principios y substancias a partir de las cuales todo fue tallado. Con la simpatía que sus almas viajeras compartían con los Reinos Supremos y el conocimiento que consiguieron al estudiar los reinos visibles e invisibles, eran capaces de invocar los caminos del cielo, los principios superiores que regían sobre los reinos inferiores de la materia y el espíritu. Hicieron reales sus propios pensamientos, transformando la imaginación en carne y materia.

Habían descubierto la Magia.

La difusa confederación de inmigrantes llegada a la isla pronto se organizó en una ciudad-estado dirigida por los magos: Atlantis. Con el tiempo, los iluminados fundaron órdenes separadas para llevar a cabo los papeles del gobierno, desde una milicia mística a estudiosos o a un cuerpo de sacerdotes de los misterios para guiarlos a todos.

Pronto, el poder para torcer la misma piel de la creación desgarró la sabiduría de aquellos que lo portaban. La hubris de los magos se elevó sin control. Tras muchas generaciones después de la primera que se estableció en Atlantis, su legado se volvió amargo, Mago contra Mago, y así comenzó la primera guerra de los hechiceros.

Los vencedores reclamaron Atlantis como suya y expulsaron a los perdedores a los rincones más lejanos de la tierra. Entonces, combinando su poder, tejieron un gran conjuro y erigieron una escalera hacia los Reinos Supremos. Rechazaron las sendas astrales tradicionales por las que un hechicero podía acercarse a los reinos superiores a través de un viaje de almas, ya que perseguían caminar por las extensiones celestiales con sus propios cuerpos. Asaltaron las alturas y reclamaron los tronos de los dioses para sí mismos. Reinando desde las alturas, ya no ligados a la tierra, incluso sus dictados y deseos más leves se hicieron reales, puesto que se erguían sobre los reinos inferiores y los influían con sus propios pensamientos. Los sutiles velos fueron rasgados y los mundos inferiores se unieron -lo puro se mezcló con lo impuro y el universo tembló.

Estimulados por la inminente destrucción y corrupción del mundo, los magos exiliados se unireron y asaltaron Atlantis, subiendo la escalera de estrellas y luchando con los Magos celestiales en sus palacios de las alturas. Sus contiendas fueron terribles. Ambos bandos chocaron en un caos de reinos y los perdedores -hechiceros de ambos bandos- fueron arrojados de las alturas de vuelta al reino inferior.

La escalera se quebró, desintegrándose en polvo, dejando a los vencedores más allá del alcance de los magos terrestres. Donde una vez estuvo la escalera, la realidad se quebró y derrumbó sobre sí misma, creando una grieta entre los reinos inferiores y superiores, un terrible vacío que absorbía la vida y la energía hacia sí mismo. El Abismo dividía una vez más los reinos, manteniendo el reino elevado y puro lejos de la mancha del inferior. Pero éste no era un velo sutil, permeable a las almas que regresaran. Era un abismo de irrealidad, una aberración que jamás debió existir. Lo que una vez era un sólo mundo se convirtió en dos mundos -el Mundo Supremo y el Mundo Caído con un vasto Abismo entre ellos.


Última edición por chanito1mil el Jue Mar 11, 2010 5:24 am, editado 1 vez
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EL MUNDO CAÍDO

Mensaje  chanito1mil el Jue Mar 11, 2010 5:20 am

EL MUNDO CAÍDO

Con la guerra llegando a su fin, la escalera celestial se desmoronó, dejando a los vencedores más allá del alcance de los magos vinculados a la tierra. Donde había estado la escalera, la realidad se fracturó y se dobló sobre sí misma, creando una grieta entre el alto y el bajo reino, un terrible vacío que absorbía hacia su interior la vida y la energía. El Abismo, dividió los reinos una vez más, manteniendo el reino elevado puro, sin la mácula del reino inferior. Pero no era éste un velo sutil, permeable a las almas que retornaban. Era una sima de irrealidad, una aberración que nunca debió existir. Lo que antes era un solo mundo, se convirtió en dos: el Mundo Supremo y el Mundo Caído, con un vasto Abismo entre ambos.

El velo entre los mundos del espíritu y la materia se endureció, convirtiéndose en la temible Celosía, una barrera insalvable excepto mediante el uso de la magia. Sacudidos por las reverberaciones que produjo la destrucción de la escalera, los cimientos de Atlantis se colapsaron y la isla se hundió bajo las aguas. El lugar místico que había visto nacer a los Magos había desaparecido.

Una vez más, los iluminados escaparon a los más lejanos rincones de la Tierra y allí, comenzaron el largo y lento proceso de volver a aprender aquello que se había perdido. Cazados de nuevo por monstruos, el progreso era lento ya que la necesidad de sobrevivir tenía preferencia sobre el estudio de los Misterios. Es más, aquellas almas que aún no habían sido tocadas por los Reinos Supremos, crecieron nubladas, como fríos pedazos de carbón que ocultasen débiles velas en su interior. Muchos olvidaron su herencia mágica y sus almas entraron en un sopor tan profundo como nunca antes habían conocido.

Este gran declive fue conocido como la Quietud, la Maldición Durmiente. Expulsados de los reinos elevados, separados de su derecho de nacimiento por el Abismo, las almas no podían mantener su luminosidad, por lo que cayeron en el Sueño. Lo que es peor, la gravedad del Abismo les forzaba a cerrar el parpado de su ojo interior, impidiéndoles recibir cualquier visión del reino elevado. Los Magos, aquéllos que permanecían Despiertos, ya no podían emplear su Magia ante aquellos Durmientes sin invocar los poderes del Abismo. Sólo unos pocos permanecían Despiertos en cualquier lugar y tiempo, guardando la llama del Conocimiento Celestial, manteniendo viva la sabiduría mágica.
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LAS ATALAYAS

Mensaje  chanito1mil el Jue Mar 11, 2010 5:22 am

LAS ATALAYAS

Con el Abismo entre ellos y el Mundo Supremo, la fuente de que surgía la Magia, el poder de los Magos comenzó a declinar. Cada vez se volvía más y más duro extraer las energías celestiales a través del vacío, y cuando lograban extraerlas, a veces, llegaban retorcidas y alteradas, con efectos no deseados por su invocador. En pocos años, todo contacto con el mundo superior desaparecería, y la humanidad dormiría para siempre. Entonces, una a una, aparecieron las Atalayas, cuyas llamas enviaban señales desde los Reinos Supremos, a través de la vasta noche, hasta las almas de los Despertados. Las leyendas hablan de cinco reyes atlantes, los Magos herederos de la Ciudad Despertada, los cuales lideraron el combate contra los Exarcas. Ellos subieron la escalera y combatieron dentro de sus palacios celestiales. Cuando la escalera se desmoronó, aún permanecían en el reino superior y continuaban resistiendo a los usurpadores de los tronos de los dioses.

Percibiendo el peligro que el Abismo suponía para el mundo inferior, estos Oráculos abandonaron su lucha y se dispersaron a través de los Reinos Supremos. Empleando conocimientos más allá de la capacidad de sus enemigos (pues eran herederos reales, poseedores de conocimiento mágicos permitidos sólo a los nobles), cada uno erigió mediante la Magia una torre en uno de los Reinos Supremos (5 torres distintas en 5 reinos distintos), construida a imagen y semejanza de la alta espiral que había guiado a los primeros poseedores de la Magia a Atlantis. Cinco torres de cinco reyes. Cada uno imbuyó su torre con las virtudes de su propia alma y con la suma de su conocimiento mágico, imbuyéndolo en las propias piedras de las estructuras. Las Atalayas enviaron visiones a través del Abismo a los Magos del Mundo Caído, llamándolos como en el pasado Atlantis llamó a sus ancestros.

Aquéllos que interpretaron las visiones adecuadamente y recordaron los viejos caminos, se retiraron a cavernas o a torres solitarias, escudándose en la oscuridad. Abandonaron sus cuerpos, y siguiendo las señales de las Atalayas, enviaron sus almas hacia caminos astrales no recorridos desde hacía largo tiempo.

A través de terribles viajes, algunos de ellos finalmente llegaron en sus formas astrales a una de las cinco Atalayas. Allí, grabaron sus nombres en los pilares y despertaron en sus cuerpos. Pero ya no estaban atados por la Maldición Durmiente, pues sus nombres habían sido escritos por sus propias almas. Una vez más obtuvieron la comprensión de los Reinos Supremos, aunque cada uno tan sólo en el reino en que permanecía su Atalaya.

Actualmente, los dioses pretendientes hace mucho que han sido olvidados. Si aún existen, permanecen ocultos. Si actúan sobre el mundo, lo hacen de un modo que puede ser interpretado como la labor de la naturaleza o los caprichos del destino. Nadie recuerda que los miembros de su raza, en su tiempo fueron dioses.

Nadie excepto, por supuesto, los Magos.

Cuando un Mago Despierta, su alma viaja fuera de su cuerpo a través de una grieta abierta en el Abismo hasta los Reinos Supremos. Es guiada a través del vacío por la luz de una de las Atalayas, aquélla con la que su alma comparte una mayor resonancia. La Atalaya y el Reino Celestial en la que se alza, determinan la Senda del Mago, y la Senda determina en qué tipo de Mago se convertirá.
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